Mirar y transformar.
Epílogo.



En "Funes el memorioso", Borges describía el tormentoso hiperrealismo en una mente incapaz de olvidar. Una ojeada instantánea marcaba la percepción de lo visto por Funes de manera no solo eterna, sino completa, llena de hasta el último detalle no pedido.

Ante ese panorama, Borges ensayaba la posibilidad de un lenguaje infinito donde cada cosa tuviera su propio signo. Cito mal y de memoria, Funes no concebía la pobreza de un lenguaje donde se designara con la misma palabra al perro de las tres catorce visto de perfil y al perro de las tres y cuarto visto de frente... Justamente la posibilidad de la generalización es lo que separa a ese loco sistema de signos arbitrarios de un lenguaje propiamente dicho, algo que conecta las distintas realidades de personas diferentes en una realidad mayor que las engobla a ambas...

Cuando un código específico representa un mayor acercamiento en torno a un grupo, el error está latente de ser también una barrera ante los que quedan fuera. No con poca frecuencia la especialización en las profesiones provoca tal fenómeno. Si nuestra actividad no fuera la arquitectura, Antonio, y nuestro país no fuera México, tal vez podríamos concedernos el lujo del elitismo. No aquí y no quienes somos, porque en la marginación los perdedores somos todos.

Tal vez no sea casualidad que la arquitectura suele ser la profesión secreta de tanta gente, porque así como el instinto natural de cubrirse los ojos ante el sol, habrá mucho de sabiduría innata, casi genética en todos nosotros, que nos permite seleccionar y simplificar cuando vemos mucho, y nos permite imaginar y completar cuando vemos poco.

Por esa razón, cuando se habla de Mirar y Transformar en este prólogo de Alonso del Val, uno aprecia las palabras "enraizamiento", "diálogo", "permanencias", "herencia", "cultura": ideas que nos devuelven al contacto con los demás, el contacto con el sitio, el contacto con nosotros mismos, que según se olvida contínuamente, debiera ser el medio y fin de la arquitectura. De esta manera, lo relevante no es la inmediatez de la recepción sensorial, sino el proceso de percibir una realidad a partir de ella, una realidad que puede unir, como misión del arquitecto.

Una vez más, la apuesta es por la permanencia de lo visto, de sus signos y de sus símbolos y no por la instantaneidad. Y sí, a partir de tierra firme, sustentar los cambios y transformaciones necesarias, siempre necesarias. Ahí, entre el actual ataque mediático a los sentidos y la memoria prodigiosa y terrible imaginada por Borges, parece ser que nuestra frágil y humana mirada que a la vez se enriquece y se nubla por la memoria, es donde podemos compartir la realidad y transformarla hasta que las memorias se vuelvan proyectos y los proyectos se conviertan en memorias.



Monterrey, julio de 2006.

Epílogo efímero a la tesis doctoral del maestro Antonio Garza Sastré. Tributo en vida.



Autor
Oscar Fdo. Mendoza Lozano


Fecha
Julio 2006


Publicación
El eje zeta. México.