Reflexiones generales en torno a la educación y las políticas educativas


Es posible entender la educación en una multiplicidad de contextos y con una amplia gama de actores involucrados. Desde una visión purista e idealizada de la educación como búsqueda de la verdad, como el medio para conseguir el fin último de transformar al hombre desde el conocimiento, hasta las aplicaciones más inmediatas y más específicas como asistir a una clase de tejido.

En una de sus variadas acepciones, la educación designa el proceso general por el cual aceptamos las metas y valores de nuestra sociedad , el proceso social básico por el cual las personas adquieren la cultura de su sociedad (Contreras, 1997). Desde esta perspectiva, es importante reconocer que la educación tiene un verdadero potencial socializador.

La evolución histórica de la educación occidental, a la par de la evolución tecnológica de sus sociedades, ha mostrado métodos e intenciones por proveer de una educación formalizada a sectores de población cada vez más amplios. Una mirada rápida nos remite a las escuelas helenísticas de una élite educada; a la transmisión de conocimientos de oficios (artesanos, herreros, carpinteros) de maestro a aprendiz; la transmisión de la filosofía cristiana en monasterios medievales por medios verbales y escritos; la masificación de los libros a partir de la invención de la imprenta.

Grandes ideólogos y reformadores aparecen en el panorama propicio de una Europa lista para estallar en la Revolución Industrial: la urbanización e industrialización crecientes generan también la necesidad de educar a sectores poblacionales cada vez mayores. El método seriado de producción podría funcionar también para convertir a cada nuevo habitante de la urbe en un obrero calificado. Es necesario aprender a leer, escribir, contar, y conocer un oficio, y los grandes estados promueven la institucionalización de la educación, multiplicando el número de escuelas y maestros de manera proporcional a la demanda.

El ya mencionado papel socializador de la educación tiene entonces un potencial inmenso del punto de vista polìtico. Si se enseña un oficio a la población, esta se vuelve más productiva, generando riqueza. Si se enseña historia, se acrecienta el sentimiento de pertenencia y se incrementa la cohesión nacional. Si se genera investigación científica y tecnológica, el estado de vuelve más competitivo y poderoso.

Toda sociedad comprende dicho potencial, e intenta en mayor o menor grado modelar la formación de sus miembros. Los gobiernos modernos cuentan con departamentos especializados en la generación de las políticas nacionales de educación pública. 

Tales políticas educativas crean marcos legales que regulan la generación y las conductas de los centros educativos, y se encargan también de establecer criterios de calidad para la evaluación de los resultados magisteriales. Las políticas educativas crean directrices de actuación para las instituciones culturales y educativas, obedeciendo a la agenda gubernamental prevalente. Es necesario pensar que tales directivas se delinean en un contexto sociocultural específico. Así, podemos hablar de prioridades educativas cambiantes en el tiempo: en el México post-revolucionario, la labor más importante de la política educativa nacional era el combate al analfabetismo; en los años 50s, la construcción de escuelas rurales para continuar promoviendo la escolaridad básica en sectores marginados; a finales de los 70s, la generación de una plataforma de educación profesional técnica para subsanar carencias en los sectores productivos del país; en los 80s la descentralización de la educación pública; la inclusión de la escuela secundaria en la nominación de educación básica, la continuación de políticas de inclusión a grupos marginados,políticas de equidad educativa, etcétera.

La evolución social del país va delineando nuevas necesidades educativas; la evolución educativa genera cambios sociales y culturales en sus habitantes. Este ciclo se retroalimenta, y en vísperas de cambios drásticos en el sistema (posiblemente el surgimiento de nuevas ideas o nuevas tecnologías al servicio de la educación), la adaptación tiene que ser igualmente drástica, dando sitio a la confrontación de ideas, el cuestionamiento de la visión imperante, y posiblemente a una reforma educativa estructural.
Pero las políticas de educación no se limitan a acciones de administración y regulación, puesto que si lo reflexionamos a fondo, también suponen la expansión de ideas, pretensiones y valores que paulatinamente comienzan a convertirse en la manera invariable de pensar. Al fijar unas preocupaciones y un lenguaje, establecen no solo un programa político, sino un programa ideológico en el que todos nos vemos envueltos (Bowen & Hobson, 2005).

La política educativa habita en la posibilidad de modelar los aprendizajes futuros, la visión deseada por una sociedad.

Una aseveración tan poderosa se ve ejemplificada en el accionar histórico de la Europa del siglo XVI, enfrentada al descubrimiento reciente de todo un continente hasta ese punto inexistente en su noción del mundo. Las potencias occidentales entendieron esta situación coyuntural desde el punto de vista político y económico (la posibilidad de colonizar y dominar nuevas tierras), pero también desde el ángulo filosófico y religioso (el pensamiento católico-cristiano nunca había tenido en cuenta la existencia de este Nuevo Mundo, ante lo cual podría plantearse la posibilidad de un error estructural en ese sistema de creencias, o bien, comprender que Dios ponía en su camino este territorio nuevo con el fin superior de cristianizar a los infieles). La labor de conquista no se puede entender sin la labor de las misiones religiosas encargadas de conciliar culturas diametralmente opuestas. La cultura—la educación—al servicio de la política.

Posiblemente exista la misma intención tanto en la plática de una madre con su hijo, de un alfarero con su aprendiz, o de la más reciente modificación al sector educativo formulada por el gobierno federal: la generación de ideas y valores compartidos, la conformación (y confirmación) de una visión en común.
Autor
Oscar Fdo. Mendoza Lozano


Fecha
Enero 2012


Publicación
Periódico Factor