El espejo latinoamericano. Educación media en Chile y su orientación a competencias


La fuente más adecuada para el aprendizaje de lecciones del exterior es la comparación con casos similares. Para México, el punto de comparación más directo es Iberoamérica, por los rasgos en común como el idioma, la cultura, las raíces históricas, incluso la geografía. Si se analiza el avance sociocultural que ha vivido un país como Chile, el aprendizaje será mayúsculo, sobretodo al visualizar el panorama político diametralmente diferente en el lapso de veinte años en los que se puede analizar dicha progesión. Chile pasó por un estancamiento educativo en los años ochentas, producto de un gobierno militarizado a partir del golpe de estado de 1973, y ha atravesado un camino arduo pero benéfico que ha desembocado en mejoras relevantes en los campos de la educación y la cultura. El ámbito democratizador a nivel político se ha significado también en corto tiempo en un crecimiento económico traducido a un bienestar comunitario digno de ejemplo.

Uno de los cambios significativos en política educativa instaurados por el estado militarizado en Chile consistió en ampliar la oferta educativa media y superior. El aumento de la cobertura secundaria fue acompañada de una creciente incapacidad de la educación para ser factor de movilidad económica y social (Cariola, Belleï & Núñez, 2003). El acceso a la educación superior, irónicamente, no se facilitó sino que se tornó más complejo, por el elevado número de aspirantes, una oferta de profesores insuficiente (y con serias deficiencias en remuneración y prestaciones producto de algunas reformas educativas que anulaban criterios de experiencia laboral), y la disparidad en la calidad de la educación media. Expresado de otra manera, se decretó el incremento en la cantidad de graduados, y no se actuó en la calidad. Son significativas las similitudes con algunas de las políticas educativas en México, especialmente durante el sexenio de Luis Echeverría en el que la ampliación de la oferta educativa se consideró equivalente a un medio para alivio de las tensiones sociales y la desigualdad (Castrejón, 1986).

Los estudiantes secundarios chilenos dejaron, por tanto, de ser una élite intelectual mas o menos homogénea de aspirantes a una educación universitaria, a los que se unió una gran ola de estudiantes socioeconómicamente más desfavorecidos que aspiraban tan solo a un título de educación media para tratar de asegurar su acceso al mercado laboral. Dos razones diferentes de ser de la educación se confundieron, dando paso a una segmentación y diferenciación social muy problemática.

La trancisión democrática en Chile arrojó también un cambio en orientación de políticas educativas. En 1991 el Ministerio de Educación inició una consulta en áreas estructurales de la educación nacional. Dos años de investigación, análisis rigurosos y participación social como antecedentes del diseño de la política, no solo elevó sensiblemente el nivel del conocimiento de la enseñanza, sino que constituyó un hito en la forma de concebir y gestionar políticas educativas públicas (Cariola et al., 2003). Uno de los cambios planteados fue el abandonar la tendencia a la memorización de conocimientos, y optar por la generación de competencias intelectuales con miras a una inserción laboral eficaz. Otro aspecto relevante fue la revaloración del rol del docente, con mejoras en sus condiciones laborales, incluyendo estrategias de evaluación de la eficacia magisterial e incorporando estímulos a los profesores más sobresalientes en forma de capacitación en el extranjero. Finalmente, los tiempos de esta reformación educativa iba en sincronía con los fenómenos de la globalización: el cambio de un Chile dictatorial y ensimismado tornó a la apertura interna y externa justo a tiempo para la incorporación a la aldea global y la sociedad de la información.
Autor
Oscar Fdo. Mendoza Lozano


Fecha
Enero 2012


Publicación
Periódico Factor